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Hablemos del respeto


La belleza de hablar, más que pronunciar bien y utilizar palabras rebuscadas, está en honrar con hechos cada palabra que sale de nuestra boca. Hoy hablaré del respeto. La frecuencia con que utilizamos el término y la poca correspondencia que tiene, en algunos casos, con la realidad. 
 "El respeto es la consideración de que alguien o incluso algo tiene un valor por sí mismo y se establece como reciprocidad: respeto mutuo, reconocimiento mutuo. El respeto en las relaciones interpersonales comienza en el individuo, en el reconocimiento del mismo como entidad única". Wikipedia




Este es de los términos que adornan las paredes de las aulas de educación primaria en el muro donde se escriben los valores. Respeta a tus mayores, a tus profesores, tus superiores.... pero ¿Qué hay del respeto por uno mismo? Nadie puede dar lo que no tiene, si primero no nos respetamos a nosotros mismos lo que vamos a sentir por los demás es miedo, no respeto. 

No le grito a mi madre por miedo al castigo, no hago desorden en clases por miedo a ser expulsado o reprobado, no insulto a mi jefe por miedo a ser despedido. Estos son ejemplos de la forma en que hemos enseñado a temer y no a respetar; de modo que la madre, el maestro o el jefe se sienten con derecho de demandar respeto del hijo, alumno o subordinado sin ningún tipo de consideración de por medio. 

Recuerdo una vez que el director de un lugar donde trabajaba me llamó muy molesto por teléfono para reclamar por algo que él entendida era mi responsabilidad, sin siquiera saludar dijo en tono inadecuado lo que tenía que decir y cuando le hice la aclaración sobre el asunto colgó el teléfono sin que yo hubiera terminado. Inmediatamente marqué de nuevo y le dije que iba a asumir que se le había caído la llamada porque no podía concebir que una persona tan "preparada" fuera capaz de cometer semejante falta de respeto. El señor tenía fama de grosero, pero esa fue la primera y última grosería que me hizo. Yo tenía que respetarlo no por ser mi jefe, sino por ser persona, el me debía el mismo respeto y se lo recordé para que no lo olvidara jamás. 

En la definición de respeto no hay apartados especiales para títulos universitarios, rangos oficiales, altas posiciones en los organigramas de las empresas o poderes económicos. Todos, independientemente de nuestra posición, condición y/o preferencias somos merecedores de respeto, de consideración. Los hijos, los alumnos, los subordinados deben ser tratados respetuosamente por el valor de cada uno como persona. Las personas deben respetar y demandar respeto sin ningún temor. Es cuestión de educación básica, de los valores que deben empezar en casa. 

Esta semana viví una situación similar a la anterior, en el trabajo, con uno de mis superiores. Ahora tengo el desafío de enseñarle a este señor que no soy el tipo de empleada a la que abochornas un día y le sonríes al siguiente. Ese tipo de comportamientos para mi es simplemente inaceptable, venga de quien venga, y tolerarlo sería como colocar el mis manos los grilletes característicos de la época de esclavitud. Insisto en mencionar experiencias en el ambiente laboral porque es donde con más frecuencia se da y no es justo que uno pase años de sacrificio en la universidad para luego resignarse a ser maltratado y abochornado, muchas veces sin razón, por el hecho de ser su subordinado. 

Podemos demandar sin faltar el respeto a las personas. Ser respetuoso es de las virtudes que engrandece y cada uno de nosotros tiene un valor que nadie tiene derecho a pisotear. Es hora de que en los hogares, las escuelas y las oficina empiece a relacionarse el respeto con la consideración y no con el temor, es hora de que la forma de manejar nuestras relaciones honre las palabras que decimos. Por ejemplo, el respeto. 

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