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Mostrando las entradas etiquetadas como Felicidad

Cuestión de perspectiva

Recuerdo como hoy el día en que la conocí. Segura, decidida, de sonrisa amplia y una sinceridad de esas que aniquila cualquier atisbo de de hipocresía que pudiera aparecer frente a ella. Acababa de pasar por un divorcio y estaba en la etapa de "mujer liberada" que a muy pocas les toca vivir. Es una buena época porque no tienes grandes responsabilidades económicas, un salario que te permite cierta holgura, amigas solteras para compartir una par de tragos y muchas actividades en las cuales inscribirte y descubrir nuevas ventanas al mundo y a la vida. Lo malo es la soledad, tienes a todos pero nadie es exclusivo para ti.  Siempre llamó la atención su inteligencia, la responsabilidad con que llevaba las labores a su cargo, su don de mando y su capacidad de aprendizaje. Incluso quienes no la soportaban por su carácter, tuvieron  que tragarse su ego y aprender a convivir con ella por su brillantez. No era el tipo de persona que resalta por su simpatía y poco le importaba hace...

El pecado de ser positivo

En más de una ocasión he criticado ese constante estado de felicidad  en el que aparentan vivir algunas personas, más falso que las imitaciones chinas de la Barbie (a las que no se le doblan las rodillas y se sientan con las piernas abiertas). El problema de esa falsa felicidad es que ha hastiado a las personas al punto que creen que no hay nadie que pueda ser verdaderamente feliz y que las pretensiones de positivismo son solo una careta para la desventura del vivir. Pero no es así.  Para bien o para mal, estamos aquí. En un mundo sin recetas plagado de excesos y maldad, donde quien no anda buscando un héroe quiere ser uno. Abres el periódico y cuando no te ensucia de sangre con un caso de violencia, sientes el escupitajo de un político en tu cara  con sus  actos o sus declaraciones. Imaginen una vida que atraviese los días solo revolcándose en ese fango, llenándose de indignación hasta más no poder, popularizando únicamente esa miserable realidad. Es una existe...

Terapia de felicidad

Hace un par de días, en el camino de regreso a casa, decidí hacer una pequeña parada en el súper mercado.  Estaba lloviznando, así que saqué mi sombrilla mientras caminaba por el parqueo en dirección a la entrada del establecimiento. De un carro, salía una familia y recuerdo que cuando el niño (de aproximadamente unos cinco años) miró al cielo, extendió los brazos y dijo como suspirando ay, qué rica lluvia! yo lo miré, sonreí y al darse cuenta me gritó oyeee!  ¿Q ué haces con esa sombrilla? seguí mi camino hacia el super mercado pero no olvidaré su expresión. Su alegría al sentir las gotitas de agua sobre su rostro, su felicidad al disfrutar de aquel mágico momento. El no podía entender por qué yo no guardaba mi sombrilla y disfrutaba también de la llovizna.  ¿ Como es que la adultez nos hace perder la alegría de esas pequeñas cosas?  Esta mañana, como parte de mi clase de marketing, leía la entrevista a un miembro de una tribu nómada que había conseguido est...