Mi experiencia laboral formal inició en mayo 2007, en una empresa estatal donde conocí gente muy cálida y pasé casi cinco años de aprendizaje, cariño y mucha indignación al final. Para 2011 hacían ya dos años que me había graduado de la universidad, ya debía estar trabajando en otro lugar más relacionado con mi título universitario, pero me había quedado dormida en los laureles de la seguridad. De repente se abre una vacante en un área más relacionada con mi formación y hago el cambio para dar la bienvenida a un año que fue tortuoso, renovador y concluyente. La que en ese entonces fue mi jefa, una persona de comportamiento ético cuestionable, me acogió muy bien al principio porque entendía que yo le podía ser útil a sus propósitos, que no eran precisamente el bien de la empresa; pero cuando mis principios y la forma directa que tengo de decir las cosas chocaron con sus malas prácticas, todo se volvió tan tenso que solo quedaron dos opciones frente para mí: Acostumbrarme a la med...
Reflexiones, historias, sucesos... la vida desde mi realidad