N ajayo arriba fue el destino oficial de las vacaciones, y de los días de fiesta, cuando éramos niños. Tengo muchos recuerdos de baños en el arroyo, ropas manchadas majando almendras, comidas preparadas en mini anafes que me compraba mi tía Milagros (que en realidad es mi prima pero en mi corazón siempre ha sido una fusión de tía y madrina - aparte de que es un personaje bien particular 😉 ), historias de terror que nos mantenían despiertos en la noche (los que hablan de leyendas urbanas deben hacer un capítulo especial para los cuentos de terror de los campos, contados de noche y sin luz cuando uno amanecía en casas de madera en las que podías mirar entre las tablas e imaginar cualquier cosa en las madrugadas), también recuerdos mis recurrentes ataques de asma fruto de los extensos baños en el agua fría del arroyo. Pensar en esos días es hacer un recorrido mental por los conucos (nunca sembré nada, yo solo iba a jugar, observar y hacer preguntas que no siempre vocalizaba), ...
Reflexiones, historias, sucesos... la vida desde mi realidad