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En Honor a las "Simples Mortales"

"No es solo ser la mujer del César, también hay que parecerlo" 
Esta prédica nos llega a la cabeza cada vez que enfrentamos una imagen desaliñada como reflejo en el espejo y el desafío de arreglarnos para las demandas que la vida diaria ha impuesto a las mujeres de estos tiempos.

No es fácil! Llevar el corte de pelo que está de moda y que mejor le va a tu cara, accesorios de temporada, uñas perfectamente arregladas, maquillaje impecable (aunque sea sencillo), un buen currículo, sonrisa perfecta, un perfume a tono con tu personalidad y unos tacones que resalten nuestra presencia al caminar. Actitud! lo denominan las revistas, y es la percepción que queremos dejar en quienes comparten con nosotros sus días; pero en el proceso a veces olvidamos que debajo de "ferré" solo somos simples mortales, y crucificamos a quienes reniegan de hacer el "sacrificio de la belleza" o simplemente sus medios y su realidad no le alcanzan para hacerlo.

Grace Kelly, Jacqueline Onassis, Lady Di, Charlene Wittstock, Michelle Obama, entre otras. Son el punto de referencia de la profesional moderna. Examinamos sus looks, los adaptamos a nuestro presupuesto, si contamos con el porte y la inteligencia necesaria... We did it!!.Que bien se siente! Bellas, realizadas, elegantes.... las reinas de nuestro mundo. Me detengo, pienso; y si soy una simple mortal? de esas que tienen unas libritas demás, que no siempre aciertan con el look perfecto, agobiadas con la responsabilidad de criar hijos sanos (física y emocionalmente)... fracasé en la vida?

Esas simples mortales me han formado, son mi familia, mis amigas, vecinas y gente a la que aprecio y respeto. Mujeres que no tuvieron la suerte de tener una madre fashion que les enseñara a mantener la armonía a la hora de vestir, que no pueden darse el lujo de actualizar su corte de pelo cada temporada porque la educación de los hijos va primero en la lista de prioridades y el dinero no alcanza para guardar las apariencias, señoras que han dejado de actualizar el guardarropa por un tiempo para completar el dinerito de arreglar su casa; o simplemente aquella que el único accesorio que puede usar  es una sonrisa amable, su presencia la resalta tratando a los demás con consideración y su mejor fragancia es el amor que destila por los poros... el único lujo que le permite el dinero es tener comida caliente sobre la mesa cada día. Ellas en su realidad también son las reinas de su mundo.

Ojalá pudiera vestir con ropas de alta costura a la señora que manejaba el carro público en que me subí esta mañana, o peinar al estilo Mad Men a la joven que vende periódicos en la esquina. Estoy segura de que ellas también lo desearían, pero el hecho de que su realidad social y económica se lo impida no las hace inferiores a nuestras musas de la elegancia y el buen porte.

A veces quisiera ser un híbrido entre la elegancia de la hija de la embajadora que atendí esta mañana y los buenos sentimientos de la señora que nos lleva el café a la oficina. Reconozco que hay  mujeres elegantes y bonitas de buen corazón, pero tristemente a diario me toca lidiar con los comentarios de quienes la superficialidad no les deja ver la valía de las que no pueden ostentar un buen look (según sus consideraciones). 

Disfruto viendo los desfiles con las tendencias de temporada en el mundo de la moda, cada fin de semana aguanto el calor de un secador con el fin de lucir un peinado bonito y trato de buscar lo que me acomoda de la moda. Pero también soy de las que espera nunca alejarse de su realidad, del el hecho de tener una madre que es todo lo contrario a una "fashion victim" una abuela que durante muchos años trabajó como criada para llevar el sustento a su familia, de quienes me siento muy orgullosa y eternamente agradecida.

Hoy quiero rendir honor a simples mortales que han sentado las bases de mi personalidad y se han convertido en las reinas de mi mundo. Tengo mis momentos de "Michelle O" pero al final del cuento yo también soy una de ustedes, una simple mortal  que aunque busque prendas que la hagan lucir bien por fuera, sobre todas las cosas defiende su derecho a ser diferente.







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