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Maternidad rebelde


"I am not a good mother, nor do I aspire to be" 


Así empezaba la nota que me recomendó Eric hace unas semanas. En principio, resulta un poco chocante la frase,  especialmente en una sociedad donde las mujeres venimos con el chip de la maternidad instalado y desde pequeñas se nos vende la maternidad como la máxima realización femenina. Una mujer que diga que no quiere ser buena madre es casi una candidata a la excomunión, una excomunión que va más allá de lo eclesiástico, serías mal vista en tu familia, entre tus amigos, en tu género... pero ¿Que me hace ser buena madre? ¿Por qué debo querer serlo?   

'Being a 'good mother' is a compliment that carries such a weighted judgement it’s impossible for me to accept it'

Amor, abnegación, dedicación y cierto grado de perfección son adjetivos que describen la maternidad ideal. Aquella mujer entregada que ama profundamente a su bebé desde el momento en que se entera del embarazo, esa que se desvela sin remordimientos, amamanta con devoción y además desempeña su rol de esposa dedicada y mujer hacendosa. 

Señores, no nos engañemos. El amor de madre es lo más parecido al amor de Dios, pero la maternidad no es tan maravillosa como se ha querido vender y si ser buena madre es mentir acerca de las insoportables malas noches, la fatiga de estar todo el día alerta, el proceso que implica la lactancia y el compromiso de tener una vida bajo tu responsabilidad, entiendo que muchas se resistan a ser llamadas "buena madre". 

Lo peor es que muchas mujeres ante el dilema de estar viviendo una bendición y sentirse presas de una realidad caótica  se sienten hasta pecadoras por tener sentimientos completamente normales y lógicos. Recuerdo la conversación que tuve con una compañera de trabajo, a su regreso a la empresa cuando terminó su licencia post parto. 

"Ay amiguita! esto no es fácil. Jamás he dormido una noche entera, siempre estoy cansada, muchas veces vuelta un desastre...¿Será que no soy buena madre?" 


Es es de los momentos en que te invade la pena ajena por dos razones, primero porque estaba segura de que mi amiga era buena madre, su cansancio era la muestra del gran esfuerzo que estaba haciendo para serlo, la segunda es que ella podría ser yo dentro de unos años.

No se trata de estar siempre sonrientes, de saberse todas las técnicas de crianza, manejar con entereza cada situación y estar siempre regia. La cruda verdad es que a veces quisieras devolverte al hospital a ver donde tiraron el manual para entender a tu bebé que debió traer consigo en el parto, pero a pesar de no entenderlo, lo amas y hace tu mejor esfuerzo por hacer las cosas bien aunque muchas veces la gente no lo entienda así, y este es el punto donde quería llegar. Nadie tiene derecho a determinar si eres, o no, buena madre porque tú y solo tú conoces la realidad en la que transcurren tus días y los malabares que hacer para sobrevivir a cada semana de el trabajo a tiempo completo que implica la maternidad. 

Tal y como dice el anuncio, la vida de padres es caóticamente hermosa, habrá muchas risas en el caos y debes vivirlo sin el temor de recibir la aprobación de un tercero. Si no le parece bien, es su problema, no tuyo. 

¿Por qué escribir de algo que no he vivido? Porque aunque no soy madre, un día esta será también mi causa y la libraré con rebeldía. La rebeldía de quien no está interesada en encajar en lo socialmente correcto, la rebeldía de quien solo quiere vivir a plenitud la etapa, de quien se da permiso a equivocarse y quien a su tiempo también admite y corrige sus errores. Pero nadie, absolutamente nadie, puede venir a juzgar o poner en tela de juicio un amor que auque sea imperfecto, es de carácter celestial. 


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