Ir al contenido principal

Decisiones y decididos

Hacer o no hacer, renunciar o seguir, pelear o rendirse... Cada uno es producto de la decisión que alguien ha tomado en algún momento. Decisiones mecánicas, trascendentales, particulares, no podríamos contar la cantidad de veces que tenemos que decidir en un día. Desde algo tan sencillo como posponer 5 minutos la alarma del despertador hasta decidir si quieres tener o no un bebé (aunque la controversia es de estos días, la interrupción de embarazos tienen una larga historia), pero el hecho de tomar decisiones simples no nos hace decididos, es justo de lo que quiero hablar en este post. 

http://blog.catiel.com/

 Aprendimos a caminar cuando nos dejaron caer varias veces, hubo que probar alimentos agrios, amargos o insípidos para saber lo que de verdad nos gustaba, pero no todos los padres enseñan a sus hijos a decidir y cuando son adultos quieren que sean personas decididas en disposición de aceptar las consecuencias de sus decisiones. 

Queridos padres: Entendemos que, por amor, quieran tomar todas nuestras decisiones de niños., no quieren que carguemos con las consecuencias de una mala elección o con la vergüenza de un fracaso, pero si no nos enseñan mientras crecemos, cómo se supone que vamos a aprender?

Uno de los principales problemas que enfrentan los responsables de las empresas es la indecisión de muchos empleados que no se animan a dar el primer paso de nada por no cargar con la responsabilidad del error si las cosas no salieran bien. Ante cualquier tontería necesitan la aprobación del superior o del compañero para sentir la confianza de ejecutar. Hoy se habla mucho de empoderamiento, pero cómo rayos se supone que vas a empoderar a quien no se atreve a decidir siquiera su propia vida? El problema no está en la rigidez del jefe ni los profesores de la universidad, la debilidad hay que buscarla en la crianza, la "ñoñería" de la que tanto se hace alusión y que ha jodido la vida de tanta gente. 

Conversaba con un amigo y me decía que un conocido le había pedido un consejo de esos que comprometen a uno. Estaba en una especie de encrucijada y quería que le aconsejaran qué hacer, por qué decidirse. Lo peligroso de esto es que si por cosas de la vida, por falta de información (porque todo el que pide consejo cuenta la historia a medias) o por la razón que fuera, mi amigo terminaba recomendando algo que no funcionara. Quién creen ustedes que resultaría culpable del fracaso? Si, a mi amigo le tocaría cargar con la culpa aunque no la tuviera. 

Hace falta más personas decididas, que dejen de estar proclamando porquerías, que de una vez y por todas tomen las riendas de su única vida (todavía no estamos seguros de que hayan otras) y asuma las consecuencias de sus decisiones.  

En estos días me ha tocado experimentar en carne propia el hecho de asumir las consecuencias de una decisión. Algo que pensé que funcionaría de una forma ha resultado ser todo un fiasco y si en todo esto he de encontrar algún culpable, el único ha de ser la mala suerte (y no creo que lo sea). Le contaba a una amiga los detalles de lo que había sucedido, tengo plena consciencia de que me va a tocar un tiempo vivir un tiempo duro, pero es de las experiencias necesarias de la vida para aprender cosas que de otra forma nunca hubiera aprendido. Su respuesta fue muy sencilla: 

Tienes más fe que un camión cargado de evangélicos! 

Me reí muchísimo cuando lo dijo, aunque yo quizás lo llamaría de otro modo. Cuando las opciones están frente a ti y conscientemente te decides por una de las puertas, sin importar lo que aparezca cuando la abras, no saldrás corriendo a llorar por los rincones. No culparás a nadie de convencerte para que la abrieras, evalúas la situación y entras en la nueva aventura pero si fuere necesario salir y volver a cerrar la puerta también lo harás tranquila, sin culpas y con toda la disposición de seguir tomando decisiones, seguir cometiendo errores, seguir avanzando aunque a veces tenga que ser a rastras. 


Hasta la próxima! 


Entradas populares de este blog

La virtud de no encajar

Durante mucho tiempo pensé que lo ideal era ser parte de un grupo, incluir ciertas practicas en mis hábitos como norma de lo socialmente correcto: Bordar, celebrar una linda fiesta a los 15, hacerme novia de un joven valeroso a los "20 y pocos" y formar una familia normalita a los "20 y largos". Pero a medida que fui creciendo y conociendo, mi parecer ante estas cosas fue cambiando... y qué bueno! 
Sorry mommy, I'm not that kind of girl.  "Hay un tipo de persona que no encaja, pero también están aquellas que se resisten a encajar" (en ese segundo grupo me encuentran a mí ;))  Recuerdo con ilusión la primera fiesta de 15 años a la que me dejaron ir (eso si, mi papá me fue a buscar tempranísimo! :s) Era el cumpleaños de una de mis mejores amigas, todavía lo es, y yo estaba emocionada y feliz de verla tan linda y compartir con todo el grupo, ese mismo día me di cuenta que prefería ser invitada que festejada y no dejé a mi mamá organizarme fiesta de cumpl…

Hablemos del respeto

La belleza de hablar, más que pronunciar bien y utilizar palabras rebuscadas, está en honrar con hechos cada palabra que sale de nuestra boca. Hoy hablaré del respeto. La frecuencia con que utilizamos el término y la poca correspondencia que tiene, en algunos casos, con la realidad.   "El respeto es la consideración de que alguien o incluso algo tiene un valor por sí mismo y se establece como reciprocidad: respeto mutuo, reconocimiento mutuo. El respeto en las relaciones interpersonales comienza en el individuo, en el reconocimiento del mismo como entidad única". Wikipedia



Este es de los términos que adornan las paredes de las aulas de educación primaria en el muro donde se escriben los valores. Respeta a tus mayores, a tus profesores, tus superiores.... pero ¿Qué hay del respeto por uno mismo? Nadie puede dar lo que no tiene, si primero no nos respetamos a nosotros mismos lo que vamos a sentir por los demás es miedo, no respeto. 
No le grito a mi madre por miedo al castigo, no…

Goodbye 2017

Que soy suficiente. Que lo mejor es que la vida pase como le de la gana. Que a veces eres tan suertuda que te toca ver cómo se cae de cabeza quien tiró la cáscara para que resbales en la vida. Que estoy felizmente cansada. Que el futuro es retante y me emociona más de lo que me asusta. Que no llega nunca la edad en la que uno por fin entiende lo que en realidad quiere en la vida y al final la opción es acomodarse en la realidad menos jodida (aparecerán seres excesivamente positivos que me dirán que no es así, pero tendré que comprobarlo en carne propia para cambiar de opinión).
Todo eso he aprendido...




Hace cuatro años de la última vez que diciembre me encontró feliz de estar estresada, agradecida de las vueltas que da la vida y con la ilusión de enfrentar expectativas muy altas sin temor a no poder cumplir, no porque me crea super poderosa sino porque sé que puedo salir del fondo si me tocara volver  caer.

No tengo metas, porque lo que mejor me ha funcionado es cuando la vida toma el cur…