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Goodbye 2014

Llegó el momento de mirar atrás, analizar los datos y hacer el resumen del año. Tomando el cuenta que no soy del tipo de persona que hace resoluciones para año nuevo, mi balance siempre será positivo porque uno pierde, pero también aprende. 

Si tuviera que usar dos expresiones para resumirlo todo sería "no me puedo quejar" y "quién lo diría". 

Recuerdo que el año pasado, para esta fecha, yo miraba el 2014 con pena. Estaba cerrando el que había sido el año más feliz, intenso  y revolucionario de mi vida. Había muchas cosas que todavía quería pero sabía que todas necesitaban tiempo, un año se quedaba corto y por más que exigiera a los 12 meses que empezarían el primero de enero, lo que sea que trajeran, no sería suficiente. Cuán equivocada estaba! Había subestimado el poder revolucionario del destino, la existencia de los milagros, mi propio trabajo y el concepto serendipia. 

Con los años vamos elaborando mejor lo que queremos y la ansiedad aumenta en proporciones desmedidas. Te vas dando cuenta de que, por más que digan que los 30 son los nuevos 20, después de los 25 te va entrando una decadencia silente pero segura que el maquillaje no puede cubrir. Tu sonrisa puede seguir siendo bonita, tu personalidad encantadora, la madurez es más evidente pero tu mirada ya no tiene el mismo brillo de otros años. Uno también entiende la insistencia de la gente en que te cases joven (porque una cosa es entrar en decadencia física junto a alguien y otra muy distinta es que te encuentren decadente), pero bueno. Lo que no se puede, no se puede y hay que seguir a pesar de eso (y no me vengan con el cuento del autoestima porque es ciencias naturales básica, son procesos que vemos cada mañana frente al espejo).El caso es que sabemos que se nos hace tarde para el trabajo que soñamos, el futuro que un día veías lejano te ha caído encima y no has hecho nada. Así me sentía yo en muchos aspectos y por eso vivo en constante proceso de autosabotaje a todo lo que me parezca estable en lo que no quiero que sea eterno en mi vida, con una sed de aprender que no se agota y que me sirven para espantar cualquier viento de resignación que pueda acercarse. 

El caso es que cuando menos lo esperas, de quien menos lo imaginas, mientras buscabas otra cosa llega un propuesta que aceptas sin pensar mucho y que replantea por completo tu vida. De repente los últimos meses de este año le robaron la genialidad a las aventuras del 2013 y me han envuelto en un proceso del que todavía no puedo sacar conclusiones. No es algo con lo que soñaba, pero no está mal. No es lo que quiero, pero me deja más cerca de mis deseos que lo que pude haber estado antes. Es un despertar a la realidad tan contundente que a veces no sabes si celebrar o ponerte a llorar (pero como no soy llorona, lo mío se vuelve más reflexión que otra cosa). 

 Esta vez no se trata de cerrar un capítulo, porque el cuento a penas empieza. Siento una gran responsabilidad con lo que pueda pasar conmigo en el próximo año, me di cuenta que el trabajo de mi sueños solo se hará realidad si lo creo yo misma y, sobre todo, que hay cosas que solo se van a dar cuando deje de controlarlas. Me asusta mucho eso de dejar que la vida fluya (soy control freak de naturaleza y en el pasado me ha dado buenos resultados, pero también me ha limitado mucho) ahora no tengo opción. 

Más que tener propósitos, tengo curiosidad por saber qué será de mi el próximo año, qué estaré escribiendo en el balance, seré más feliz, menos ansiosa?  Las respuestas vendrán en cuentagotas, un acertijo que me tocará descifrar día a día :) 

Querido 2014:  mi trayectoria contigo, lejos de ser una línea recta, parece el garabato de un niño de pre-escolar al que le han dado un crayón frente a una pared blanca. Has alejado mi barco del puerto y la incertidumbre de estar mar adentro no me deja celebrar la aventura. Pero debo decirte adiós y me despido de ti agradecida :)    







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