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Soñando en 365

"Tengo más sueños que noches para soñar"

Fue una de esas respuestas que das de forma espontánea en una conversación y que después te dejan pensando. Nuevo año, una nueva vuelta de 365 días y,  como muchos otros años empiezo con una mezcla homogénea de sueños e intriga. Porque ¿qué sería de nosotros si dejamos de soñar? ¿qué sería de mí si algún día dejara de hacerlo? Si de repente despertara una mañana acostumbrada, convencida de que todo está hecho, resignada a que esto es lo que hay, sin el deseo de contemplar la lluvia  desde la ventana de algún apartamento en una calle londinense, con una taza de chocolate caliente que evite que se me congele el alma, viendo las calles mojadas mientras me cuentan la historia de épocas que no viví.

O aquella noche, aquella noche de luna llena en la que caminaré descalza en una de las playas de mi isla, cerraré lo ojos y me dejaré acariciar por la brisa mientras desconecto de la rutina y encuentro de nuevo las energías para conquistar el mundo, para atravesar el tortuoso camino que nos exige cambiar la historia, para materializar los sueños que nos atrapan y no nos dan tiempo siquiera a cerrar los ojos. Cómo no dejarme caer en brazos de Morfeo y materializar aquello que la imaginación ha dibujado y no me da permiso a contar. Dejar de soñar, para mi es dejar de vivir, ignorar los secretos que guarda mi almohada y morir poco a poco con cada día que pasa.

Todo sueño trae una dosis necesaria de incertidumbre. Te inquieta que, como en otras ocasiones, la realidad te despierte con uno de sus golpes, que las nubes que pasan ocultando el resplandor de la luna se posen sobre ti y pierdas la paciencia hasta renunciar. Que no juegue bien mis cartas, que él no juegue bien las suyas y que nuestros caminos ya no vuelvan a coincidir. Que aquel encuentro maravilloso siga congelado en el tiempo y no se vuelva a repetir. Que aquel abrazo siga siendo eterno porque no habrá otro igual. 

Qué mas da! Quizás mis cartas aguardan a un mejor juego, quizás él ya ha jugado las suyas en otra mesa, quizás el encuentro fue solo una muestra de lo que viviré después y el abrazo, ese abrazo, era solo para recordar que lo que en un momento creí bueno, puede ser mejor.

Abrazaré la incertidumbre que viene con la intriga para poder disfrutar los días mientras sueño en 365 ;) 










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