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Otro año que se va

La nostalgia del adiós tiene algo en común con el enamoramiento, no se puede evitar y tampoco disimular. Con los últimos días del año llega también este sentimiento que nos invita a pasar balance a la vida y asumir la cruda verdad del resultado. Sin maquillaje, sin fantasía, las cosas simplemente como son.

Si van a juzgar por mis fotos de Facebook, este podría ser el mejor año de toda mi vida porque ha sido el año que más he ido a la playa (donde me atreví a ponerme un traje de baño de dos piezas sin que me importara), donde dejé ir varios complejos y tuve experiencias nuevas que han cambiado para bien mi estilo de vida, mi perspectiva del mundo y la forma en la que veo el futuro (también he conocido gente maravillosa).  Pero he de confesar que todo eso empezó como refugio a  una tristeza que también ahora conocí y a un profundo sentimiento de soledad que nada tenía que ver con que estuviera en otro país, porque aún estando en "mi tierra" me acompaña. Este año he comprendido que a pesar de la familia y los amigos esta historia de vida es solo mía y que aunque todos te hagan fiesta cuando las cosas van bien los momentos duros toca tragártelos sola porque aún tus más queridos defensores te echarán en cara su trabajo de defensa o simplemente se harán los desentendidos mientras tratas de sobrevivir a la tormenta.  Esas citas con el mar eran como un calmante, la brisa me acariciaba el alma y los atardeceres... mi cámara no le hace justicia a tanta belleza. 

Playa Cerro Gordo, Puerto Rico 
Entre las lecciones de este año me queda más claro que nunca que no hay nada para mí en mi país. Mis amigos seguirán siendo mis amigos, mi familia seguirá siendo mi familia pero todos pueden vivir perfectamente en sin mi. En todos los lugares tiene uno chance de conocer gente buena y amable, de manera que "mi tierra" es cualquier parte donde me toque estar. El sistema social y político imperante en República Dominicana hace que me avergüence de decir que esta es mi tierra y que estas son mi gente (las que te tratan mejor cuando asumen que eres extranjero). 

Esta situación me lleva a la segunda lección de este año, paciencia. El hecho de saber que no quiero estar aquí no puede llevarme a cometer errores por acudir a una desesperada salida. Una cosa es lo que uno quiere y otra es lo que toca vivir. Inevitablemente voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para ayudar a que se pueda vivir aquí y por eso me alegra trabajar en de formación, cada persona educada representa un destello en la lucecita que todavía se ve al final del túnel. Hay que estar en disposición de aprender lo que toque aprender mientras pasamos por un desierto que pudiera durar la eternidad y cuando decides pulir el lado opaco a la realidad se viven experiencias memorables. Además habíamos hablado en un post anterior que muchas veces el desierto es una oportunidad, así que ya veremos qué se encierra detrás de todo esto.

Después de ese malestar propio de quien se resiste a la circularidad del tiempo, y sin ánimos de ser una "hija favorita de Dios, he de agradecer por la misericordia y amor del creador a lo largo de doce meses que ya acaban. Porque mi malestar ha sido propio de un momento de transición en la vida y no una desgracia real, porque ha puesto en mi gracia, por las experiencias que convierten en un paraíso mis recuerdos, por los nuevos conocidos (a pesar de las noticias, el mundo está lleno de gente genial!) y por la incertidumbre que no me deja dormir en los laureles de una zona de confort donde nada crece. Señor, sigo siendo tuya!

El avance es lento pero seguimos caminando, las cosas se complican pero todavía hay esperanza, las lecciones son duras pero el horizonte se ensancha cada vez que las aprendemos. El alma sigue siendo libre, la vida sigue siendo un milagro y en la actitud sigue estando el poder mirar y buscar lo mejor en cada vivencia. 

Por lo bueno, por lo difícil y por todo lo aprendido en el camino... Salud! 



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