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Quizás...



Quizás es tiempo de divagar un poco, de sacudir el lío de ideas a medias que hay en mi cabeza y tratar de dar forma al desorden. Aunque a veces creo que mi desorden mental es ya un estilo de vida. Se supone que maduremos, que atemos cabos hasta que el argumento tenga sentido, que demos el toque a la historia que la hace digna de ser contada y perpetuada, pero es que para hacer eso tendría que acabarse, tendríamos que morir y mientras estamos vivos somos expertos en echarlo todo a perder, o eso es lo que uno cree cuando justo antes de poner la última ficha se desmorona el castillo que hemos construido. Quizás la vida, más que el castillo, es el desastre.

Quizás no se trata del choque de copas para brindar por lo que es, sino las lágrimas, las frustraciones y los malentendidos que tuvieron lugar mientras desarrollábamos el proyecto. Ese bendito proyecto que empieza cada vez que creemos haber terminado y que después del brindis nos deja siempre en posición inicial, con todos los monstruos de la incertidumbre esperando par aterrorizarnos y el corazón en una caja de cristal de la que somos guardas desarmados. Nunca estará seguro bajo nuestra protección y lo mejor es que no lo esté, para que se exponga a ser lastimado y encuentre a quien amar o aprenda valiosas lecciones en el proceso. 

Quizás lo mejor es lo que no ha pasado, eso que palpita en el interior y no entendemos cómo rayos vamos a hacer posible. Pero será.  Y en ese momento habremos colocado la última ficha al castillo sin temor a que se desmorone y seremos nosotros mismos quienes decidamos destruirlo y volver al inicio, porque habremos elegido vivir.    



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