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Por la ventana del cielo

Hoy, hace un año que "celebraba" tu cumpleaños con un llanto de esos que hay que escribir. Las lágrimas no me hubieran alcanzado para llorar, para dejar salir la pena de verte tendida ya por 4 años en una cama de la que no te levantarías más. Tenía el dolor de imaginar tu llanto cuando curaban las úlceras de un cuerpo que ya se había rendido. Aunque sabía que te extrañaría por siempre ya te quería ver descansar de esa horrible agonía, de ese tortuoso proceso de cada día. 

Un par de semanas después, la luchadora colgó los guantes y se dejó ir. Te despedimos con la tranquilidad de haberte acompañado en cada paso de tu despedida, pero conscientes de que había un velo de luto en el corazón que sería difícil superar, conscientes de siempre habría un toque de nostalgia incluso en la más absoluta felicidad. 

Se casó una de tus nietas adoradas y lo celebró con un evento hermoso. Todo muy organizado, íntimo, familiar y romántico. Fui muy feliz por ella pero inevitablemente pasé toda la noche recordándote. Pensando en lo bien que la habrías pasado, en lo contenta que habrías estado. De alguna forma ese evento era la recompensa a tus sacrificios que la vida no te dejó ver. 

Han pasado otras cosas y han llegado nuevos personajes a nuestro cuento familiar que también te habría hecho feliz conocer. Albergo la esperanza de volverte a ver alguna vez y volverte loca con todas mis historias (sabes que uno de mis defectos es que, a veces, simplemente no paro de hablar!), mirarme en tus ojos brillantes y verte reír con la emoción de un niño. 

Te extraño!




Mientras tanto, espero que de vez en cuando te asomes a la ventana del cielo y que cuando veas a tu gente, siempre encuentres motivos para sonreír, para sentirte orgullosa, que veas que tu lucha no fue en balde, que nos hemos puesto tus guantes  y que ahora somos nosotros quienes le dan la pelea a la vida. 

Feliz cumpleaños mamá Paula! 

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