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Creciendo


Mi sobrino tiene un año y medio. Es jo... hiperactivo como ustedes no se imaginan y esta semana se ha dado cuenta de que está creciendo. Estas chancletas (dicho en español dominicano) ya no le sirven y él simplemente no lo acepta. Caminando se puede golpear los dedos, hay que forzarlas para ajustar los cierres, incluso puede tropezar y caerse pero son sus favoritas, ya se ha acostumbrado a ellas y simplemente no las quiere dejar.






Él tiene otras más grandes, más confortables, a la nueva medida de su pie pero se resiste a usarlas. Tendrá que aprender que parte de vivir es entender que hemos crecido y que debemos cambiar de zapatos, de ropa, de escuela y de relaciones inclusive. En este punto los adultos nos comportamos exactamente igual que mi sobrino y preferimos cortarnos el pie, antes que cambiar el calzado.

En el entorno laboral, a veces, estamos mal pagados,  mal valorados, en ocasiones  las dos cosas y si no nos despiden no salimos de ahí. En el plano sentimental también se da el mismo caso, personas atrapadas por elección en situaciones de las que solo saben quejarse, no hacen nada para mejorarla pero tampoco salen de ella.

La parte de los pies de mi sobrino que toca el suelo, anda tan desprotegida como si caminara descalzo, así andamos nosotros cuando estamos a merced de la carta de recomendación de un jefe que no conoce nuestro valor (o no le da la gana de reconocerlo), o cuando estamos en una relación de pareja con alguien que no nos ama, que no nos cuida, que no nos respeta.

Pronto le enseñaremos a Evan que el nuevo calzado será mucho mejor, espero también estar ahí para enseñarle, sobre todo con mi propio ejemplo, que la vida completa se tratará de eso y que, aunque las experiencias pasadas sean buenas, siempre debemos estar en la disposición de cambiar. En lo que requiera ser cambiado y cuantas veces sea necesario. Solo así valdrá la pena crecer.

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